Seis jóvenes serán ordenados sacerdotes en la Concatedral de Santa María de Castellón, una señal de esperanza ante la escasez de vocaciones
La vocación sacerdotal, hoy: el próximo sábado seis jóvenes serán ordenados sacerdotes en la Concatedral de Santa María de Castellón. Tras años de discernimiento, formación y maduración humana, intelectual, espiritual y pastoral, serán configurados sacramentalmente con Cristo, el Buen Pastor, para servir al Pueblo de Dios.
Cada ordenación sacerdotal es una bendición de Dios; en un tiempo marcado por cambios culturales, sociales y religiosos, estas seis ordenaciones adquierən un significado especial. Son signo de la fidelidad divina que sigue llamando a hombres concretos para participar en la misión que Cristo confió a sus apóstoles, y nos invitan a dar gracias y a renovar la esperanza en la acción del Espíritu Santo, que nunca abandona a la Iglesia.
Vivimos tiempos de cambios acelerados en las formas de relacionarnos, de comunicarnos y en los valores que predominan, así como en las referencias culturales. La secularización, la indiferencia religiosa y la pérdida del sentido trascendente forman parte del paisaje actual. Falta una cultura vocacional que permita a los jóvenes plantearse y responder a la pregunta fundamental: quién soy y para quién.
Hay quien piensa que la vocación sacerdotal pertenece al pasado. Sin embargo, la experiencia demuestra lo contrario: el joven actual, a menudo desorientado, necesita sentido, puede sentirse solo o seducido por ofertas pasajeras; sigue necesitando testigos que anuncien la cercanía de Dios y le ayuden a descubrir el amor de Cristo. La vocación sacerdotal no nace de un proyecto humano, sino de la iniciativa de Dios. El Señor pronuncia hoy las mismas palabras que dirigió a los primeros discípulos: 'Ven y sígueme'.
Los seis neopresbíteros son distintos entre sí y tienen caminos vocacionales diversos. Pero en todos nace la vocación de un encuentro personal con Cristo resucitado y una respuesta libre a la llamada a dedicar la vida al servicio de Dios y de los hermanos. Son historias de amor entre Dios y cada uno y respuestas generosas que muestran que Cristo puede llenar la vida de un joven.
Ante el reto de la escasez de vocaciones, la esperanza está en Jesucristo, que sigue llamando y sosteniendo a la Iglesia. Donde haya comunidades vivas, familias creyentes, sacerdotes entregados, catequistas comprometidos y jóvenes abiertos a la gracia, el Señor sigue suscitando vocaciones.
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