A la valenciana?
A la Valenciana, la candidatura que aquí, ?a casa nostra?, une a Compromís, Esquerra Unida y Podemos, ilusiona por su contenido, por su programa político, pero también lo hace por su espíritu, por su corazón, por eso que hoy en día tienen tanto en cuenta las empresas y que denominan ?un intangible?: la unidad.
Siempre se ha dicho que la gran debilidad de la izquierda es su división congénita, su mosaiquización, y el diagnóstico es totalmente acertado. La izquierda política siempre se ha presentado ante la ciudadanía como un caleidoscopio de colores, rojo, verde, morado, arcoíris? Como un laberinto de trincheras infranqueables, de músicos huérfanos de orquesta. Sin embargo ahora la hay, y de la buena. Orquesta, digo. Y es necesaria porque el reto es grande.
Necesitamos convertirnos en otra cosa, dejar atrás esa España pepera, casposa, plana, fatua, sin creatividad, planchada, sotanil, berlanguiana, hipócrita y españolista en el peor de los sentidos del término. Hay que darle color, imaginarla en 3D, reinventar el optimismo, hacerla volar, transportarla al siglo XXI, pensarla para las personas desde las personas, remozarla de felicidad.
Veo los inicios de la precampaña y el argumento más poderoso que se utiliza para cargar contra Juntos Podemos y el resto de variaciones autonómicas (en nuestro caso A la Valenciana) es el voto del miedo, como si a esta nueva orquesta que ha surgido no se la pudiera criticar por tocar mal o descoordinadamente, o por no saber captar el alma de la composición, sino simplemente porque toca muy alto, con mucho volumen. Pues sí, hemos puesto a sonar los instrumentos a todo pulmón, arrancando de estos toda su fuerza para que se escuchen más allá de las paredes del auditorio, para hacer llegar la música a las calles y a las plazas. Si eso es ser radical, yo me apunto.
Los partidos que componemos aquí y ahora A la Valenciana llevamos meses gobernando multitud de ayuntamientos, participando del gobierno de la Generalitat, y nada se ha derrumbado, al contrario, parecen florecer nuevas ideas, nuevas esperanzas. Por ejemplo, el sábado se organizó una jornada-taller sobre economía del bien común en Betxí, un nuevo modelo económico que se está consolidando en países tan bolivarianos como Austria y que no va contra nada, sino a favor de. A favor de las personas, a favor de la sostenibilidad, a favor de la justicia social y la redistribución de la riqueza, a favor de la felicidad. Su principal indicador no es el producto interior bruto, sino el índice de felicidad de las personas y es tan utópica la idea que aquí mismo, en Castellón, ya hay varias empresas de más de cien trabajadores que crecen y son rentables bajo las premisas de esta ?quijotesca? revolución económica.
Eso sí, hay que cambiar el chip. No podemos lanzarnos a una alocada carrera de objetivos inciertos, pero sí hay que mudar los valores, apostar por otro modelo de sociedad más humano, donde cuenten más las personas que la cuenta de resultados de las empresas, donde el dinero sea un instrumento y no el fin último, donde aprendamos a convivir entre nosotros y con la naturaleza.
David Lluch Almenar. Concejal Ayto. La Vall d´Uixó
David Lluch (Concejal EU La Vall) | Fotografies:
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