Mañana, 27 de febrero, se cumplen 20 años desde que el Pleno del Ayuntamiento aprobó el acuerdo de inicio del procedimiento para establecer 'Vila-real' como la denominación única y oficial del municipio.
El acuerdo, adoptado el 27 de febrero de 2006, marcó un punto de inflexión en la defensa de la identidad histórica, lingüística e institucional de la ciudad, según el edil de Normalización Lingüística, Santi Cortells.
Cortells señala que aquel paso no fue un simple cambio administrativo; fue una afirmación con serenidad y rigor de cuál es el nombre propio de Vila-real, y recuerda que siempre ha existido consenso para defender nuestra lengua, independiente del color político.
Según una investigación del personal del Archivo Municipal, existe un documento de 1307, Nomenament de sequiers de 1307, en el que Vila-real aparece 17 veces con la forma Vilareal, lo que demuestra que la ciudad no inventó nada en 2006 sino que recuperó coherencia con su tradición medieval.
La iniciación formal del procedimiento data de 2006, pero la denominación no adquirió carácter oficial y exclusivo hasta la publicación del decreto en el Boletín Oficial del Estado (BOE) el 30 de enero de 2007; el decreto está fechado el 1 de diciembre de 2006.
De cara al futuro, el 30 de enero de 2027 se cumplirán exactamente 20 años desde que Vila-real es, a todos los efectos legales, la única denominación oficial de la ciudad.
El proceso respondió a una voluntad institucional clara y unitaria: reforzar la coherencia con la tradición histórica, desde la Carta Pobla de 1274, y con la normativa lingüística vigente, consolidando el uso del topónimo en valenciano en el ámbito social, administrativo y jurídico.
Veinte años después, el Ayuntamiento quiere recordar la importancia de aquel acuerdo plenario como expresión de consenso y compromiso con la identidad y la proyección exterior de Vila-real. Como señala Cortells, el nombre no es solo una palabra: es memoria, historia y futuro; es la primera carta de presentación de una ciudad.
Hoy, afirma el edil de Normalización Lingüística, nadie cuestiona la normalidad institucional de Vila-real: la decisión ha contribuido a reforzar arraigo y autoestima colectiva de la ciudad.
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