Figueroles: Figueroleros/as con visión de futuro


 
La Plana al Dia | Figueroles | General | 11-10-2011
 

Rondaba la década de 1940 , quizá haya sido la mas dura económicamente hablando del siglo XX para España, ya que veníamos de la recesión mundial del año 1929 que acabó siendo conocida como “La Gran Depresión del 29”. Cuando ya parecía que empezaban las cosas a caminar en 1936 se produjo la Guerra Civil Española, una de las cosas mas horrorosas que le puede ocurrir a cualquier País, cuando terminó esta contienda en 1939 se inició la Segunda Guerra Mundial, que aunque España no participó abiertamente en el conflicto no se libró de sufrir en sus propias carnes las consecuencias de aquel desastre, que sumado a los anteriores dejó a Europa en general y a España en particular por los suelos en muchos aspectos, entre ellos el económico.


Terminada la Segunda Guerra Mundial Europa quedó destruida y desolada. Para reconstruir la Europa Occidental se generó el plan “Marshall”, ideado por los EE. UU de América que aportó muchos miles de millones de dólares al viejo continente, esto facilitó su reconstrucción y la recuperación económica de los países que se adhirieron a dicho plan. España no se adhirió porque una de las condiciones que se exigían para formar parte, entre otras, era que el país que quisiera adherirse debería de tener como forma de gobierno una Democracia Parlamentaria, para ello debía de cambiarse en nuestro País el sistema político que gobernaba en aquella época, pero las autoridades que dirigían los destinos del nuestro en aquellos tiempos no estimaron oportuno hacer dicho cambio en aquel momento. España, al quedarse fuera del plan “Marshall” sufrió una larga, dura y lenta recuperación económica, muy diferente al resto de los países de la Europa Occidental que se adhirieron. Tanto fue así, que en las décadas siguientes muchos españoles (entre ellos algunos figueroleros), emigraron a estos países buscando lo que en el nuestro no encontraban. El país mas desolado fue sin duda Alemania y como consecuencia fue el que mas mano de obra empleó en su reconstrucción y recuperación, tal vez, por ello fue al que nuestros conciudadanos emigraron en mayor cuantía.


La economía en aquella década en España era de pura y dura supervivencia, tanto era así, que eran muchos los hogares españoles que no llegaban a cubrir las necesidades mas elementales y esta situación también le tocó de lleno a Figueroles como no podía ser de otra manera.


En aquellos tiempos en Figueroles se vivía casi exclusivamente de la agricultura, por lo que la lucha por la optimización de los recursos del campo de toda índole era uno de los principales retos que tenían que afrontar los agricultores de nuestro querido pueblo. Los que nos hemos criado en esta entrañable tierra sabemos que los recursos agrícolas en nuestro entorno son limitados y a la vez de resultados inciertos, los rendimientos de las cosechas dependen en gran medida de las inclemencias del tiempo, y con demasiada frecuencia, no siempre son los mas adecuadas a las necesidades que requieren determinados cultivos, y cuando esto ocurre los resultados no satisfacen las expectativas de los agricultores.


Los que ya tenemos algunos años sabemos la importancia que tenía el aceite de oliva para la economía de nuestro pueblo. Quizá sea oportuno recordar que por aquel entonces no habia evolucionado todavía la instalación de industrias en el entorno. Tan solo con enumerar la cantidad de molinos de aceite que había instalados en el pueblo y funcionando a pleno rendimiento nos da una idea de la importancia que tenía la cosecha de la aceituna. Voy a nombrar algunos de los que recuerdo y lo haré por los nombres por los que se les conocía, algunos de estos nombres hacen referencia al “Mote”, cosa harto normal en los pueblos (en todo caso pido disculpas por si alguien se puede sentir ofendido por ello, nada mas lejos de la realidad por mi parte). El Molino de “Garcés”, el de “Els Serres”, el de “Villalonga”, el de “Sala”, el de “Carreró”, el de “Quico la Churra”, el de “Avelino” y el del “Tío Pascualed de Noc”. Esto suponía que habia un molino instalado por cada ochenta habitantes mas o menos.


Esto nos hace pensar que aunque se recogiesen una cantidad importante de aceitunas la capacidad de molienda era considerable. Podemos recurrir a los tópicos de que entonces se hacia todo a mano y era todo muy laborioso, que así era como se laboraba, pero no es menos cierto que ningún molino trabajaba menos de doce horas al día. Empezaban a moler a finales de octubre y molían mientras quedaban aceitunas, y lo hacían sábados, domingos y fiestas de guardar, no hace falta recordar que también para eso eran otros tiempos. Con esa cantidad de molinos parece lógico pensar que la competencia entre ellos sería dura. Amen de los compromisos que tendrían que afrontar algunos agricultores a la hora de elegir en que Molino tenían que procesar su cosecha; que si este molino es de un familiar, el otro de un amigo, el de mas allá dicen que da mejores rendimientos y algunos que otros argumentos parecidos que se darían, que pueden considerarse como normales y lógicos a la vez, me imagino, que esto crearía situaciones complejas y algunas veces hasta embarazosas, tanto para los clientes como para los molineros y tal vez alguna que otra enemistad, ¿que duda cabe?.


En un análisis frió de esta situación parece, que a priori, en lo que no debía de haber ninguna duda es que los rendimientos tratarían de exprimirse al máximo dada la competencia, por lo que todo hace suponer que los agricultores estarían encantados con aquella situación.


Pues parece ser que no era así, y tanto no lo era que un grupo de agricultores decidió asociarse para montar un nuevo molino. No puedo ni imaginar el impacto social que debió tener esta iniciativa entre la gente del pueblo, por un lado estaría la oposición de los molineros ya que les afectaba directamente a sus intereses, por otro los que se oponen a cualquier iniciativa de futuro por sistema, que los hay, otros a los que les gustaría la idea pero que temerían el riesgo. No obstante, hay que reconocer el valor que tuvieron aquellos Figueroleros/as que, primero tuvieron la idea y después hicieron realidad el proyecto. A toro pasado, parece justo reconocerles que, sin duda, tuvieron una gran visión de futuro, ya que apostaron por asociarse en un proyecto común para optimizar mejor los recursos.


Los que conocemos nuestro pueblo sabemos, que el patrimonio agrícola esta configurado por minifundios, que aunque tiene la ventaja de que todos tenemos algo, sabemos por experiencia, que esto conlleva unos costes de explotación muy elevados, y una forma de reducirlos es la opción de asociarse, y por lo que se ve aquellos Figueroleros/as ya lo entendieron muy bien entonces.


¿Y que es lo que ocurrió?. Pues nada mas y nada menos que aquello fue el embrión del cual después nacería la “Cooperativa Agrícola de San Mateo”. Para darle mayor entidad comunitaria al proyecto y que todo el pueblo lo sintiera como suyo tomaron el nombre de nuestro Santo Patrón, comprensible por otra parte, dada la coyuntura sociopolítica que se daba entonces en nuestro País, en la cual no quiero entrar.


No fue para ellos tarea fácil buscar un local y aportar lo principal “el dinero”, del que no se disponía, tanto fue así que como consecuencia algunos agricultores para hacer frente a la parte económica que les correspondía tuvieron que poner en riesgo su patrimonio.


En el año 1947 se fraguo la Sociedad y, ya en 1948 el proyecto era una realidad. Un buen día de 1948 se inauguraba “La Cooperativa Agrícola de San Mateo” y después de la Misa Mayor se producía dicho acontecimiento y se bendecía el proyecto, en un acto oficiado por el Párroco local, donde la Fe tenía una doble lectura, por un lado como creencia religiosa, y por otro en el proyecto, ante la imperiosa necesidad y la esperanza de que todo saliese bien.


Para nada fue un camino de rosas sacar el proyecto hacia delante, es mas, en momentos puntuales y que todavía recuerdo uno de ellos siendo aun muy joven, a punto estuvo de dar al traste con todo y de desaparecer la Cooperativa Agrícola de San Mateo y no solo eso sino que, como consecuencia de aquel tropezón pudo llevarse también por delante el patrimonio de algunos de los agricultores que habían apostado por él y que habían avalado su parte económica con sus bienes.


¿Qué queda de aquello a día de hoy?.


Por un lado los molinos particulares han desaparecido todos de la circulación, algunos de ellos se desmontaron y ya no queda ni tan siquiera el recuerdo, otros conservan parte de la estructura y están inservibles, quizás quede alguno como mucho en condiciones de operar.


¿Y la “Cooperativa Agrícola de San Mateo”?, es la única que queda, porque siempre ha habido un grupo de Figueroleros/as que ha seguido creyendo en el proyecto y han sido capaces de ir incorporando las mas modernas tecnologías que los tiempos han ido generando a lo largo de estos años (tampoco ha dejado de existir esa masa social de detractores, aunque minoritaria). Los seres humanos tenemos comportamientos para todos los gustos y este proyecto no podía ni puede escapar de esa realidad. Pero con todo y con eso a día de hoy el proyecto sigue en pie y dotado de las mas modernas tecnologías, por lo que su nivel competitivo se puede considerar como bueno.


Cuando viene la temporada de la recogida de la aceituna, cada uno la va afrontando a su manera, a medida que la va recolectando la va llevando directamente del campo a la Cooperativa, la descarga en la tolva y a las pocas horas, si lo desea, le entregan el aceite en garrafas de cinco litros perfectamente precintadas y empaquetadas en cajas de cartón que contienen tres unidades de cinco litros cada una para que se puedan apilar, si un agricultor recoge mas de lo que necesita y si así lo desea, puede dejar el resto de su cosecha en la “Cooperativa Agrícola de San Mateo” y cuando la vendan le liquidaran sus cuentas y a otra cosa.

Estoy seguro que los promotores de este proyecto desde allí en donde se encuentren estarán observando su Cooperativa, la nuestra, la de casi todos, y no me cabe la menor duda de que se sentirán orgullosos viendo que los Figueroleros/as que les siguieron también creyeron en el proyecto y lo han sabido llevar a buen puerto. Los imagino felices de sentirse los promotores del proyecto, quizás alguno hasta le salte alguna lagrima de emoción viéndolo en la actualidad. Pero deben de saber, allí donde estén, que a día de hoy somos muchos los Figueroleros/as que nos sentimos orgullosos de ellos y agradecidos a la vez por lo que nos legaron, por lo que les presentamos nuestros respetos y nuestro agradecimiento, ya que gracias a su visión de futuro podemos hoy disfrutar de esta realidad, la “Cooperativa Agrícola de San Mateo”, que si no lo es de todos, como nos gustaría, si lo es de la inmensa mayoría de los Figueroleros/as, y a la que le auguramos y deseamos una larga vida.

P. Martinez. C. Desde la Tercera Edad.