La ecologista exige un giro en la prevención de incendios: priorizar evitar incendios de origen humano en la Comunidad Valenciana
Un informe-propuesta de acción ecologista-agrícola denuncia que la estrategia actual de prevención de incendios forestales en la Comunidad Valenciana es un fracaso y propone una nueva estrategia que priorice evitar los incendios.
El texto, presentado como una propuesta para mejorar la protección de los montes y los entornos rurales, sostiene que la política vigente no está dando respuestas adecuadas.
Advierte que la Comunitat Valenciana está condenada a sufrir incendios de forma continua, algunos brutales y difíciles de controlar.
Cada año se registran unos 400 incendios de promedio, la misma cifra que hace cinco décadas, y la prevención no ha mejorado de forma significativa.
La mayor parte de los incendios no son naturales: solo el 20% es provocado por rayos; el 80% restante tienen origen humano y, por tanto, son evitables.
El informe afirma que la estrategia preventiva de la Administración está equivocada y no prioriza la verdadera prevención: evitar los fuegos de origen humano.
Critica que la actual prevención destina la mayor parte de sus recursos a actuaciones con maquinaria pesada (cortafuegos y limpiezas) y deja de lado la prevención real.
Más del 75% de las inversiones de los planes de prevención se destinan a acciones con maquinaria pesada, con altos impactos ambientales, coste elevado y sin evaluaciones rigurosas de resultados.
Las inversiones destinadas a evitar las causas humanas de los fuegos son ridículas e inaceptables, lo que impide reducciones significativas de la incidencia.
El informe detalla una distribución por demarcaciones y aporta cifras: inversión total de 611.212.750 euros y 53.539.074 euros en prevención de causas.
La propuesta propone un cambio de estrategia: centrarse en la prevención real, evitar todos los fuegos de origen humano y prohibir encender fuego en el bosque o realizar actividades de riesgo, salvo casos excepcionales y debidamente controlados.
Afirma que evitar incendios es mucho más barato que apagarlos, y que, detrás de la estrategia vigente, hay intereses económicos y profesionales.
Desmiente afirmaciones como que el despoblamiento provoque incendios o que la vegetación sea la causante; sostiene que más del 75% de las áreas quemadas son desarboladas.
Se advierte que los cortafuegos no son la solución: son caros, pueden fallar y no garantizan la prevención, especialmente ante condiciones climáticas extremas.
Con el cambio climático, habrá más situaciones meteorológicas adversas; ante ello, los cortafuegos pierden efectividad cuando más se necesitarían.
La alternativa es una prevención real: evitar todos los fuegos de causa humana y no permitir incendios ni actividades de alto riesgo, salvo excepciones justificadas y controladas.
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